¿Pampanitos verdes?



Se cuela un breve rayo de sol a través de los cristales,  invadiendo este teclado convertido en sopa de letras por mor de una somnolencia devastadora que me nubla la vista … y cualquier atisbo de cordura. No estoy  para razonamientos de esta guisa. Es Navidad aunque no lo parezca. No hay nieve, no hay luces en el barrio, ni señores barrigones barbudos vestidos de rojo –ni falta que nos hacen- como en las películas, por no haber, ya casi no hay panderetas.  Hasta que a alguien se le ocurra un jueguecito de esos para la consola, con zambomba y panderos  y pautas de "cómo montar el belén”.

 Esto último a quien le haga falta, yo para eso no tengo término medio. En casa tengo un pesebre con su buey, su mula, la Virgen María, San José y el Niño Jesús.  Cinco piezas –sin doble sentido- doradas sobre un platillo de color cobre y bajo un fino manto de harina de trigo. Esa sensación de nieve-polvo me encanta, aunque he de admitir que queda mucho más brillante la nieve de harina de maíz, vamos,  la Maizena de toda la vida.  Justo detrás un doble letrero de corcho con dos flechas. Un sentido apunta dirección Madrid, el otro Belén. Tengo de otro de hojalata pintado a mano, que de tan artesano es aburrido y tristísimo, así que este año se ha quedado guardadito junto al espumillón.


 Me chiflan esos belenes con miles de figuritas y casas y su rio y los Reyes Magos, y pastorcillos y lavanderas a la orilla del rio y gallinas en su corral  y hasta con sus olivos los he visto y tahonas y posadas… que de tan completos como son , pareciera que a la vuelta de la herrería no desentonarían un cajero 4B, un Telepizza o un locutorio… aunque lo que de perlas les vendría a sus majestades los Reyes de Oriente, sería una tienda de chinos  que por lo que te cuesta una mirra, encuentra una cositas bien monas… mismamente una mantita polar para salvaguardar del frio y de la incomodidad de la paja clavándose sobre la espalda, a ese niño Jesús de descomunal melena y tamaño a prueba de percentiles. Da cosa ver a San José y a  la Virgen, tan divinos ellos con esos estupendos mantos, y que el chiquillo repose como Dios le trajo al mundo.

Me gusta, y mucho, el estilismo de los Reyes Magos, tan regios, tan lozanos, con ese rollo Príncipe de Zamunda de pieles y sortijones y coronas, tanto me recuerda esa imagen a la de mi admirado Tino Casal que a buen seguro, si las figuritas cobraran vida sería para bailar Eloise.

Yo me hago un lio con las religiones en general y con el cristianismo en particular, es más, soy una auténtica desconocedora del tema, tanto es así, que nunca me salen las cuentas en tanto a parentescos se refiere... eso por no hablar de dónde ubicar en el espacio y en el tiempo a tanta gente tan dispar... Ya tener que creerme que Maria es fecundada por una paloma y de ahí nace el niño que luego se convierte en Jesucristo,  es demasié pa mi body, que se decía en mis tiempos de instituto. Con razón nunca me han gustado las palomas, eso de que sin comerlo ni beberlo se te acerque una y te quedes preñada me da un miedito que te cagas.

Casi prefiero montarme mi película, para eso lo mejor son los villancicos: con cabellos de oro y peines de plata fina la imagen de la Virgen me evoca a La Sirenita pero sin cola y con lo de los pampanitos verdes me pasa como con los perjúmenes... no sé lo que son, pero me inspiran confianza, vamos, que me sulibellan... Llegado este punto, a los más curiosos les recomiendo la letra entera de esta canción, no tiene desperdicio. (Para verla pincha aquí )


Realmente es un jaleo, si no de qué después de dos mil años siga dando que hablar y separando y uniendo gente a partes casi iguales. Por eso yo me quedo con lo que me interesa, con la parte que me agrada, la parte bonita de un cuento que dicen que es historia.

El espírituto navideño del que tanto se habla, digo yo, que no es otra cosa que ese afán de olvidar rencores, de compartir tiempo con la familia, de desenterrar el hacha de  guerras cotidianas, de soñar que muchas cosas son posibles a poco que nos las propongamos con firmeza, y de admitir que no hay motivo que valga la pena para joder a los demás. Apenas son unos dias.. no hay cuerpo que aguante mantener tantos propósitos a lo largo de un año con sus 365 dias, pero bienvenido sea este ejercicio de análilis y reflexión.

Decorar ese intervalo con cenas fastuosas, árboles cuajados de bolas, y pesebres de cerámica, forma parte del atrezzo. No seré yo quien juzgue a quien lo critique, Señor, no seré yo, que me doy golpes de pecho publicitando mi peculiar agnosticismo y soy  la primera en montar el belén.



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