¿Pampanitos verdes?
Se cuela un breve rayo de sol a través de los cristales, invadiendo este teclado convertido en sopa de letras por mor de una somnolencia devastadora que me nubla la vista … y cualquier atisbo de cordura. No estoy para razonamientos de esta guisa. Es Navidad aunque no lo parezca. No hay nieve, no hay luces en el barrio, ni señores barrigones barbudos vestidos de rojo –ni falta que nos hacen- como en las películas, por no haber, ya casi no hay panderetas. Hasta que a alguien se le ocurra un jueguecito de esos para la consola, con zambomba y panderos y pautas de "cómo montar el belén” . Esto último a quien le haga falta, yo para eso no tengo término medio. En casa tengo un pesebre con su buey, su mula, la Virgen María, San José y el Niño Jesús. Cinco piezas –sin doble sentido- doradas sobre un platillo de color cobre y bajo un fino manto de harina de trigo. Esa sensación de nieve-polvo me encanta, aunque he de admitir que queda mucho más ...