El efecto Sue Ellen
La promesa se convierte en deuda satisfecha sólo cuando se cumple, y heme aquí, cansada, hecha polvo podalmente hablando y ligeramente cefaleíca por mor de las burbujas del champaingne y un par de cubatas. Y somnolienta. Todo, tiene arreglo. Llegamos a las puertas del hotelazo que más bien pareciera una discoteca a tenor de esa "cola" heterogéna y casi vulgar en plena calle. Yo eché de menos una alfombra roja kilométrica y decenas de fotógrafos disparando sus flases al paso de cada uno de los invitados, pero ni el difunto ForCom habría soportado un plano medio con un giro a lo Pataky luciendo espalda. Se nota, cuando nos reunimos con compañeros fuera del entorno de oficina, quien está acostumbrado a salir y quién no, hay quien incluso debió pensar que el Palace era el chiringuito de una playa nudista, de lo contrario no entendería que una mujer vaya más desnuda que vestida. Me vienen a la cabeza estilismos más propios de "El sambódromo de Romerito" -templo de...