Palabra de heterocona


A veces me da por pensar en las cosas que se quedan sin decir cuando alguien muere, lo que me lleva a una reflexión aún más dramática y es qué me gustaría compartir antes de que esto ocurriera y qué me llevaría al más allá.

Realmente, por  transparente que parezca una persona, no hay nadie que no conserve un secreto , incluso hay veces, que las personas más cercanas y la propia familia, son quienes jamás si quiera podrían imaginar nuestros recovecos.  De modo que como estoy convencida de que el que más y el que menos tiene lo suyo, nos pasamos la vida haciendo trampa.

Los pequeños y grandes secretos son como trozos de un espejo: reflejan una imagen fragmentada.  A veces lo secretos se guardan por pudor, a veces por evitar el mal ajeno, y la mayoría de las veces, por el propio placer que produce el saberse dueño y señor o dueña y señora de una historia jamás contada. La mayoría de mis secretos son ibéricos. Apenas les hace falta aderezo, son jugosos,  deliciosos… carne fresca, sal y pimienta.  Me gusta ponerle pimienta y que se retuerza suavemente al fuego.

¿A alguien se le ocurre mejor herencia que la revelación un gran secreto?   Es como de película eso de descubrir que tienes un hermano al que no conoces, una tía multimillonaria, o que tu madre tuvo un amante…

Me viene a la memoria aquel culebrón de Cristal… en el que el gran secreto era que el cura era el padre: eso ya no sorprende a nadie. Los curas de hoy parecen muy modernos, pero la mayoría siguen siendo como los de antes.  Mi abuelo,  del que heredé el  lagrimafacilismo,  se emocionaba cada vez que recordaba la cantidad de cadáveres de bebés emparedados encontrados en los pilares de las iglesias y conventos en tiempos de guerra.  Deslices imperdonables en un estamento que aún a día de hoy condena el aborto. A muchos de esos hijos de puta que se llaman a sí mismo hijos de dios  les castraba vivos. Queda muy bonito en el cine un pájaro espino con la percha de Richard Chamberlain capaz de ponerme cachonda aún con la sotana, pero en la vida real no he visto yo un sacerdote capaz de inspirarme si quiera la mínima confianza.  También es verdad que no es un tipo de gente con la que trate de manera habitual.  Casi me dispara más la libido un confesionario: una luz tenue adentrándose por una celosía de madera mientras un macho se adentra en otra celosía más jugosa. Y justo enfrente una decena de señoras de espaldas, hincadas de rodillas sobre el travesaño del duro banco de manera. Qué rigidez tan distinta la de los dos travesaños.

De hablar de curas y confesionarios me ha venido a la cabeza ese curita que ha entrado en GH, que además es motero, o eso dice.  Por las pintas, jamás habría pensado que es sacerdote, lo que viene a confirmar el dicho de que el hábito no hace al monje, menos aún cuando dijo ante las cámaras que había tenido sueños eróticos con Tania Llasera. 

 A  mi más que la confesión de su eroticidad onírica, lo que me sorprendió es que la prota de su sueño fuera una hembra y no uno de tantos presentadores maricones que habitan al otro lado del plasma. Dicho esto, que no me venga nadie con cuentos. No soy homófoba. Al pan, pan, al vino vino.  No hay insulto ni desprecio ni nada por el estilo. Quien me conoce lo sabe. Palabra de mariliendres metamorfoseada en heterocona, expresión que me acabo de inventar para definirme como mujer heterosexual con alma de maricona. Ya ves, me va un brilli-brilli, un explótame expló, el arcoiris de la bandera del Orgullo, y no molestarme en buscar las 7 diferencias dónde no las hay,o hay millones, vete tú a saber.

Yo heredé la duda de mi ascendencia calé por parte de mi bisabuela. Esas cosas pasan por leer lo que no se debe. Bien es cierto que casi nadie de mi familia admite dicha raigambre y no seré yo quien la reclame; me va la zambra, pero no tanto.  Para estas cosas, la observancia es elemental. Y a poco que se nos observe, hay algo que va más allá del color de piel que nos une a los gitanos, pero también es verdad, que son muchas más las cosas que nos separan. A mí en cierto modo, me habría encantado leer en aquella carta, que además de gitana era canastera, porque gitana a secas no tiene gracia. O gitana y bailaora.  Eso me habría encantado, una Carmen Amaya en la familia, oh my god!

Con todo y con eso, por lo visto la señora era de armas tomar y tenía mucho genio. Era lo que se conoce como una "jaquetona", decían quienes la conocieron que fue una mujer bellísima y flamenca, por lo que cada vez que se me compara con ella me muero de gusto. Tenía facilidad para encandilar a los hombres, de hecho creo que ya bien mayor, tuvo un amante que convirtió en cisma familiar esa pasión desbordante que para mí la quisiera yo.

Va de moderno ese cura que se pasea en calzones con total naturalidad por la casa, se rapa la cabeza al más puro estilo Mr.T y hasta se atreve a bendecir la mesa a ritmo de rap. Me gustaría saber qué  piensa sobre el aborto, la homosexualidad, el neoliberalismo económico, o la última colección de DaviDelfin. Eso sería estar en la pomada y le dotaría de esa normalidad que pretende aparentar, pero no nos engañemos, si es cura es por y para algo.

A veces pienso, desde mi más profunda ignorancia teológica, que un cura no deja de ser hombre por profesar una fé, y que por extensión, no puede ser buena una doctrina prohibitiva, que pretende incluso luchar contra la propia naturaleza.  ¿Puede un auto de fé evitar las poluciones nocturnas? Puede uno si se lo propone bajar de peso, dejar de fumar, incluso ser mejor persona... pero alguien puede decirme cómo se evita el deseo?  Estoy totalmente convencida de que la mayoría de abusos cometidos por estos depravados obedecen al imperativo moral de pretender reprimir un deseo irreprimible, y por algún lado desfogan los hijos de puta, que como no tienen cojones de hacerlo de igual a igual se aprovechan de los más débiles.

El beneficio de la duda se mitiga cuando en una simple mirada se intuye una fogosidad enfermiza. Con el tiempo, he aprendido a detenerme en los ojos de quien tengo de frente.  Entraña un gran verdad esa frase que dice así: Los ojos que tú ves, no son ojos porque tú los veas, son ojos porque te miran. A mi me gusta mirar, y dependiendo de quien sea, me encanta que me miren. Por lo visto en esto del mirar a quien se tiene de frente, hay dos tipos de personas, los que miran a los ojos, y los que miran a la boca: los primeros parecen querer ver más allá de lo que escuchan; los segundos –dicen- están imaginando esos mismos labios deslizándose en algún lugar de su cuerpo. Desde luego, no tiene ciencia ninguna, pero para quien no lo haya probado puede convertirse en un divertido juego.

Hay miradas que echan fuego. Otras son un estanque. Algunas destilan bonhomía, otras canallismo, y nada tiene que ver ni siquiera el color de los ojos. Mi hermano dice que uno de mis amigos no le gusta porque tiene la mirada sucia. Obviamente, no diré quién es. Yo desde luego más que sucia pienso que es enigmática… para quien se cruce con sus ojos por primera vez, pero a poco que se le conozca, enseguida se disipa la duda de cualquier atisbo de suciedad. Yo supongo que probablemente se refiera a que le parece una mirada “penetrante”, pero claro, siendo gay –no mi hermano, el otro- y mi hermano un poco timorato para estas cosas, no se atreve a hablar con propiedad vaya a ser que le proponga un “trenecito”. Esa creencia tan común entre los machos ibéricos –como mi secreto- de que cualquiera de ellos es susceptible de ser “atacado” por uno que es igual de macho, sólo que con otro macho, aunque el macho se llame Nacha la Macha.

Nunca he llegado a comprender ese grado de egocentrismo en algunos machos que les hace creer que podrían ser presa de cualquier hombre al que le gustan los hombres, y el que pueda preocuparles puede incluso llegar a convencerme de que el temor no viene motivado porque puedan gustarle a otros hombres, sino porque a ellos les guste la idea de que pueda ser así en contra de su ibericismo. Las mujeres para eso -y para otras cosas- somos más abiertas: a mí que pudiera alguien pensar que soy lesbiana me la suda. Lo raro es que alguien no lo haya pensado: pelo corto, un toque masculino en la forma de vestir, este hablar de "camionera"... y ya ves, soy mujer de lomo. Que no se confundan los "machitos", que las lesbianas de hoy no son como las de antes, y ahí dónde unos ojos encendidos y una mano a punto de agarrarse la chorra ven el summun de le femineidad y una hembra devoradora de melena rubia, curvas sinuosas y belleza angelical se encuentra una bolleraca de mucho cuidao

Las apariencias engañan. Los secretos no. Por eso me apasionan los mios y descubrir -o imaginar- los de los demás.

Ahí va uno que deja de serlo: aviso a navegantes, el cura de GH empieza a ponerme. No se puede ser motero y rockero sin ser putero... con este plan, lo de ser cura no tiene la menor importancia.




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