El efecto Sue Ellen


La promesa se convierte en deuda satisfecha sólo cuando se cumple, y heme aquí, cansada, hecha polvo podalmente hablando y ligeramente cefaleíca por mor de las burbujas del champaingne y un par de cubatas. Y somnolienta. Todo, tiene arreglo. Llegamos a las puertas del hotelazo que más bien pareciera una discoteca a tenor de esa "cola" heterogéna y casi vulgar en plena calle. Yo eché de menos una alfombra roja kilométrica y decenas de fotógrafos disparando sus flases al paso de cada uno de los invitados, pero ni el difunto ForCom habría soportado un plano medio con un giro a lo Pataky luciendo espalda.

Se nota,  cuando nos reunimos con compañeros fuera del entorno de oficina, quien está acostumbrado a salir y quién no, hay quien incluso debió pensar que el Palace era el chiringuito de una playa nudista, de lo contrario no entendería que una mujer vaya más desnuda que vestida. Me vienen a la cabeza estilismos más propios de "El sambódromo de Romerito" -templo de los ritmos calientes en la república independiente de Vallecas" -que uno de los iconos del lujo de la capital.

 No recuerdo un megalook de esos que quitan el hipo y hacen sentirte ridícula, de hecho, creo que la media en cuanto a vestimenta fue más bien tirando a baja con algun suspenso previsible. Embutirse literalmente en un vestido que te hace parecer una chistorra -que ni a la categoría de morcilla de Burgos llega la gachona- no es buena idea para ir a la oficina, menos aún para prodigarse en esos sitios tan contrarios al mal gusto.  

Depende mucho de la gentileza de una caballero el que un halago se convierta en un chute de autotestima baja en calorías. Por eso es de agradecer que un señor a quien consideras elegante alabe el buen gusto que has tenido en elegir tu vestido o no pueda evitar tomarte de los hombros, mirarte de frente y de arriba abajo y decirte  "estás preciosa"  sin que en sus ojos veas o intuyas una traducción simultanea del tipo "te follaría aquí mismo". He de admitir que hasta que recibí ese y no otros piropos, me sentí algo incómoda entre tanta flaca.  Las mujeres XXL lo tenemos más difícil, pareciera que la elegancia y la delgadez fueran indivisibles como el átomo, y añadir ese handicap al hecho que la lorza resulte poco estética, más aún en verano que las carnes aún no tostadas muestran una flacidez devastadora resulta angustioso.

Lo de que los señores lo tienen mucho más fácil no deja de ser un tópico, pero el hecho de que no tengan que perder tres tardes buscando un bolso que no desentone con los zapatos, no les  hace más asequible la ardua tarea de destacar. A fin de cuentas, un traje es un traje, y lo que le hace diferente es el color, el tejido y el corte, pero un traje requiere una pecha que no siempre se tiene. A mí me llama mucho más la atención la belleza en el rostro que en el cuerpo, tan en contra de la corriente que convierte a cucarachas con cuerpos de infato en objetos de deseo. Pero realmente lo que me cautiva es el "charme", que no tiene nada que ver con lo uno ni con lo otro, y que distingue a un hombre de un señor, y a un señor de un caballero. Uno de esos señores que se sabe guapo y lo es, perdió todo su encanto -que ya apenas son los retazos de una belleza tardía- cuando se acercó a saludarme en "modo pedo".

Más alla del vestido de fulanita o los pelos que lleva menganita, lo que realmente me gusta de estas situaciones es observar cómo se relacionan los demás y con quién. El fariseismo alcanza cotas inimaginables, algo que me divierte y ofusca a partes casi iguales. 

Reconozco que entre ir de trás de un jefe y que un jefe vaya detrás de mí, me quedo con lo segundo, más que una cuestión de ego, es de honestidad: admito mi virginidad en las lides del chupapolleo. Claro, que así me luce el pelo. Es mucho más rentable saber arrimarse al árbol que da buena sombra, pero yo es que soy de poco follaje en cuestión de arboleda

Hubo un par de situaciones absolutamente fuera de tono: ambas destilaban sexo fácil y circunstancial. Una se me antoja un puñetazo encima de la mesa infantil que más que sorpresa produjo nausea... ambas darán que hablar... Ay capecita, con dos, tres, o cuatro copas de más la de cosas inimagibles que somo capaces de hacer o decir.

Me niego a pesar sin embargo, que lo mejor de la noche se debiera al efecto Sue Ellen.. un te quiero que se me clavó en el alma, que diría Maria del Monte, de alguien a quien yo quiero a mí manera, que es la misma que la suya.  Y un "me encantas" de una mujer que se va a casar con otra, de alguien con quien nunca antes había cruzado más de dos palabras.  A mí me faltó un Cacique, quizás dos, para ponerme el mundo por montera y contarle las verdades del barquero a una valenciana, pero qué no sabrá ella, que al fin y al cabo se dedica a saber de los demás... y la pagan por eso, y por contarlo!

De recuerdo una ausencia que cambió todo . Y un sobre marrón caca como de radiografía con la lámina de una foto deslucida y mal hecha de un edificio emblemático. ¡A cualquier cosa le llaman litografía! Feliz cumpleaños, Luci, después de todo, y con la que está cayendo, no te conservas tan mal!

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