S.O.S. Outfitters
Ayer sonó como un estruendo oficial la palabra "Palace" que ya escuché en los oficiosos mentideros la pasada semana. A decir verdad, desde que este emblemático hotel de lujo madrileño se rebautizó ha perdido eufonía. Suena muchísimo más megaglamouroso Royal Palace, que Westing Palace. Este último podría pasar por el nombre de un lavavajillas último modelo, pero no por un hotelazo, el hotelazo, en el que mi empresa ha decidido conmemorar su nonagésimo aniversario con un cóctel.
Ya lo decía NachoPolo NachoPolo con ese tonito Miami Sound Machine de los españoles afincados en Florida: a España le gusta un lloro. Yes. Y un dramón. Yes. Y hacer una película, yes of course, y en esas andamos. Yo creo que la mayor preocupación no es qué ponerse, sino averiguar qué se pondrán los demás. Conviene no destacar demasiado en estos sitios, pero tampoco formar parte de esa masa gris homogénea que pareciera que forma parte del atrezzo.
La referencia no pueden ser Isabel Preysler, ni Fiona Ferrer por buenos consejos que pretenda ofrecer en su blog de moda. Y lo que no puede ser es imposible. En primer lugar porque el fondo de armario de un mileurista no tiene nada que ver con la de una señora "bien" que no ha dado palo al agua en su vida, a menos que el hecho de que te peinen, te maquillen, te presten vestidos ultracarísimos, y te graben ofreciendo un bomboncete o pisando una buena cerámica rodeada de macizorros sea un trabajo. Ser una "wacu-girl" tampoco está al alcance del status oficinista que me rodea. Nuestro Status se queda en la cafetería de la entreplanta de este edificio de todo, menos inteligente.
Hace mucho, escuché que le preguntaban a no sé qué señora de primera fila por su forma de vestir, y airosa y con una rotundidad insultante espetó un "yo no me visto, yo me produzco". A mí ésta, y frases como esta que dictan sentencia me fascinan. Esa es la esencia del outfit. Vestirse es mucho más que abrir el armario, descolgar unos vaqueros y una camiseta y calzarse unas manoletinas. La combinación, a priori, parece no estar muy desacertada, pero la diferencia entre vestirse y producirse, es la de saber componer de manera casi instintiva, la imagen, el total look, y que parezca improvisado. Tejidos, colores, complementos, forman parte de un cosmos frívolo y mundanal, sí, nadie dice lo contrario, de hecho hoy por hoy, el uso de la vestimenta es infinitamente más social que antropológica. Hombres y mujeres ya no nos vestimos únicamente para resguardarnos del frio o sofocar el calor. Si así fuera en pleno agosto iríamos en pelotas por la calle y en febrero envueltos en lana o pieles
Hace mucho, escuché que le preguntaban a no sé qué señora de primera fila por su forma de vestir, y airosa y con una rotundidad insultante espetó un "yo no me visto, yo me produzco". A mí ésta, y frases como esta que dictan sentencia me fascinan. Esa es la esencia del outfit. Vestirse es mucho más que abrir el armario, descolgar unos vaqueros y una camiseta y calzarse unas manoletinas. La combinación, a priori, parece no estar muy desacertada, pero la diferencia entre vestirse y producirse, es la de saber componer de manera casi instintiva, la imagen, el total look, y que parezca improvisado. Tejidos, colores, complementos, forman parte de un cosmos frívolo y mundanal, sí, nadie dice lo contrario, de hecho hoy por hoy, el uso de la vestimenta es infinitamente más social que antropológica. Hombres y mujeres ya no nos vestimos únicamente para resguardarnos del frio o sofocar el calor. Si así fuera en pleno agosto iríamos en pelotas por la calle y en febrero envueltos en lana o pieles
Pero la moda es insultantemente democrática verbigracia del señor Ortega, magnate de Inditex y sus franquicias varias, por cuyos escaparates lucen estupendos maniquíes con réplicas de los modelazos que las celebrities y no tan celebrities pasean por las revistas de hígado y corazón.
Volviendo al tema en cuestión, me sorprende la expectativa que ha generado el dilema de las vestimenta a propósito del citado cóctel. Y apuesto y no me equivoco que el evento va a dar mucho que hablar. Hotel de lujo, peces gordos, chicas guapas, viernes, verano, alcohol… coño, parece un capítulo de "Sin tetas no hay paraíso". Si así fuera –lo de las tetas- yo sería el propio paraíso, pero eso es harina de otro costal. Todo es matizable, porque entre los peces gordos hay mucha piraña y porque entre las chicas guapas la mayoría no lo son tanto.
El denominador común es que pocos parecen saber cual es el look acertado. Esto podría haberse resuelto con un dress code en la invitación, aunque más de uno hubiera tenido que googleear en busca del significado de la citada consigna. Yo creo que lo mejor es aplicar un poco de sentido común, tener en cuenta el sitio y la hora ofrece muchas pistas.. y no dejar de ser uno mismo. En estos casos, menos es más, y a poco que frente al espejo tengamos la sensación de que "algo" sobra, se elimina de un plumazo. La distinción está por encima de un LBD (little black dress), un relojazo de Gucci o unos falsos Louboutin que podrían dar el pego.... quien se lleva el gato el agua es quien se comporta con naturalidad y es capaz de contener la risa cuando una hueva de caviar iraní se desliza estrepitosamente por el mentón de un megajefe distraido en tu escote mientras habla de las bondades de la dieta mediterránea y de lo rica que está la tortilla de patatas por muy vistosas que sean las piruletas de bogavante con crocante de trufa blanca.
El denominador común es que pocos parecen saber cual es el look acertado. Esto podría haberse resuelto con un dress code en la invitación, aunque más de uno hubiera tenido que googleear en busca del significado de la citada consigna. Yo creo que lo mejor es aplicar un poco de sentido común, tener en cuenta el sitio y la hora ofrece muchas pistas.. y no dejar de ser uno mismo. En estos casos, menos es más, y a poco que frente al espejo tengamos la sensación de que "algo" sobra, se elimina de un plumazo. La distinción está por encima de un LBD (little black dress), un relojazo de Gucci o unos falsos Louboutin que podrían dar el pego.... quien se lleva el gato el agua es quien se comporta con naturalidad y es capaz de contener la risa cuando una hueva de caviar iraní se desliza estrepitosamente por el mentón de un megajefe distraido en tu escote mientras habla de las bondades de la dieta mediterránea y de lo rica que está la tortilla de patatas por muy vistosas que sean las piruletas de bogavante con crocante de trufa blanca.
Lo mejor de estas fiestas, sin duda, es descalzarse en el portal, abrir la puerta con sigilo, acariciar la mejilla de tu hijo durmiendo plácidamente sobre su cuna, besar a tu amor que ronca como un bendito, prepararse un colacao fresquito, encender un cigarro... y sacudir la lengua a golpe de blog ...
Palabra de bloguera
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