Anticrónica (ampliada) 360. Vista Alegre.
Follar en tiempos revueltos.
Después de una cuenta atrás interminable de ansiedad de la que mola, de darnos los buenos días a las seis de la mañana en el chat de Las Pinkis con las horas que faltaban para volver a encontrarnos y reencontrarnos con Pianopablo, del "niña no sé qué ponerme" como la que queda con el chico que le gusta aunque vaya acompañada de 12.999 personas que sienten - o creen que sienten - lo mismo y de un trayecto en Uber propio de una película de Almodovar, después de todo eso decía, llegó el momento de los ríos de gente en los bares que no sirven, el paraguas de medio metro en el forro de la chaqueta, el tendido 15 - la niña súperbonita - con su baño reservado y sus mesas y la nevera vacía y una foto de Luis Miguel encima del inodoro. Ahí empezó todo.
Un giro de trescientos sesenta grados no es un giro, es como coger el circular y pretender bajarte en la última parada.
Una entra en ese ruedo disfrazado de Conforama y dan ganas de tirarse en el sofá con la mantita y que Pianopablo te la toque una y otra vez al estilo de Sam en Casablanca. Que te toque su "Mamano" en bucle hasta que le sangren los dedos y le escuezas las heridas con polvos de Azor o de los otros.
No faltó la lluvia, cayendo a borbotones desde la cubierta de Vista Alegre para darle el toque melodramático a esa puta locura de pianos que se mueven sin que te des cuenta. Yo que soy mujer de otoño sentí la bendición de la tormenta de rayos como el presagio de una lluvia de lágrimas saladas escurridizas. "Estáis en mi casa, ésta es mi casa". Tres cojones, Pablo. Y cuadrados. Solo así se entiende que a alguien se le ocurra meterse en el bolsillo del sexo con amor a trece mil personas, jugando a Simon con pianos y pianitos huérfanos de padre y una guitarra hecha alma, en ese lugar que siempre me ha parecido extraño, donde lo mismo se mata un toro, que se meten triples en el aro, que viene el niño que chupaba las paredes a cantar lo que sale de los huevos, como si estuviera en su casa pero sin la paella de Luis o el cuscús de la Lola.
Un delirio ese repertorio de coser y cantar retales y devolverlos pasados por el filtro de tu libertad contagiosa y esa voz que ayer me sonó casi rota como siempre y extraordinaria como nunca. Brutalmente extraordinaria. Orozco y Alejandro Sanz, y Mecano, y Malú y Alborán y Sabina y tú quitándole las esposas a todas las canciones imaginables para devolverlas sin apellido y hacerlas nuestras sin embargo tuyas.
Tú sabías que Septiembre. El aire acondicionado pasando la factura, los libros que la engordan, las ganas que se adelgazan, el madrugón en la espalda, la tristeza por compañera, el verano tan lejos, las pechugas de pollo a la plancha con judías verdes, los cupones no premiados. Venías con ganas de follar en tiempos revueltos y dejarnos tirados en la cama de tu patio hecho sueño. De querernos y dejarnos quererte. Lo que no sabías es que aprovechando la cercanía del aseo desde nuestra ubicación, de la urgencia que producen los nervios me metí en enfermería y por un momento me vino a la cabeza Paquirri sobre la camilla y su agonía mientras explicaba las trayectorias de su cornada y salí corriendo como alma que lleva el diablo para volver a tu abrazo de lava azul.
Estabas a punto de dejarnos la boca seca y las ganas despiertas. Y después de vaciarte, nos dices que es el mejor concierto de tu vida y nos recuerdas que ésa no es nuestra casa, y que no somos tus amigos... No se puede ser más canalla, y sin embargo te quiero.
#mamaNO
#mamaSÍ
#360VistaAlegre
#tecomovivo
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