Al fondo a la izquierda
Aquello que tanto eché de menos durante el embarazo, debió salirme detrás de la placenta, de haberlo sabido no habría estado los nueves meses anteriores calentándome la cabeza, pero de no haber sido por eso, habría sido por otra cosa… que ya nos conocemos. Me refiero al “instinto”. Y así, mi instinto me ha hecho la vida un poco más fácil estos primeros meses, oráculo intangible e inexplicable y sin garantía de fiabilidad, pero oráculo, que no es poco, brújula en la tarea de ser mamá, GPS de mi intuición -y de mis entretelas- ay, qué difícil esto de que los bebés lleguen al mundo sin libro de instrucciones
.
Pensaba que iba a ser mucho más difícil… a mis 38, no sólo no he perdido la capacidad de sorprenderme sino que desde que nació Marco se ha visto incrementada considerablemente. La maternidad me ha dotado de una paciencia que no conocía, pero claro, aun así siempre hay algo por lo que perder los papeles.
Jose es tozudo, lo que para muchas cosas puede ser una ventaja pero para otras es un inconveniente. Se le metió entre ceja y ceja formar una liga de fútbol de empresa con mozalbetes en edad de matar el tiempo libre practicando onanismo, o lo que es lo mismo, matándose a pajas, y no acaba de entender que lo que para él es responsabilidad y compromiso para estos chavales aun púberes no es más que un antojo… y ya se sabe lo que pasa con los antojos… que lo mismo van que vienen… A ver si nos damos cuenta ya de una vez que entre ceja y ceja no debería haber nada, ni grandes ideas ni pequeños pelos. Como mucho unas pinzas de depilar haciendo de las suyas, pero nada más. Y no me refiero a las cejas circunflejas de Zp, que bastante tiene con lo suyo.
Quizás de ahí mi gusto, desde chica, por lo grande. Así, en general… me gustan los hombres grandes, los corazones grandes, los dientes grandes, no me ocurre lo mismo con esa parte de la anatomía en la que estás pensando en este momento, en ese caso con que sean dúctiles y regularmente activas me basta y sobra. Las manos grandes también me gustan, y las grandes historias de amor, y las anillas de calamar enormes, y la Duquesa de Alba, aunque esta me guste más por hippy que por “grande” aunque sea la más grande de España y aunque la más grande siempre haya sido la Jurado y yo me quede en simplemente “la grande” para la fascinación de alguno.
Ya tiene Marco seis meses. Está guapo, constipado, sonriente. No hay nada que me guste más que sentir sus bracitos rodeando mi cuello y su aliento húmedo paseando por mis hombros dejando a su paso una estela de baba de caracolillo… ya cuando me planta sus manos sobre la cara y siento su caricia es que me derrito!
Ha descubierto nuevos sabores, no todos le gustan… una cucharada de papilla de fruta convierte su rostro en la mueca del asco más profundo, los cereales ni fú ni fa; por ahora lo que más le atrae es el puré de patata y zanahoria con pollo… a pesar de ser un bebé grandote no es tragón, el ansia de sus primeros meses al pezón ha dado paso a la calma con la cuchara, a cuyo paso por su encías ya se aprecia la inflamación que dará lugar a su piñata de roedor. No me imagino cómo será su cara con dientes igual que no podría imaginarme ahora la mía sin ellos. Ni mi cuerpo sin albergar el suyo, ni mi vida sin él.
Le quiero miles de millones de vidas, y cada día ese amor se multiplica, y es increíble cuando crees que has llegado al máximo, y el máximo no existe, no hay tope, no hay límite.
Desde que llegó a nuestras vidas nos ha regalado cada día mil razones para tener cara de gilipollas sin serlo. Es un puntazo mi enano. Me gusta sentir que tengo dos amores, que cuido de mi hombre y de mi “hombrecito” y que ellos cuidan de mí…
A veces, me pasa algo un poco extraño… bueno, quizás no tanto… es como si a ratos se me olvidara que tengo un hijo… hasta que llega a mi mente su carita y en un flash-back me vienen de repente y en cuestión de segundos decenas de imágenes, desde que estaba dentro de mí hasta ayer, con sus churretes de papilla alrededor de la boca y sus manitas-manazas queriendo coger todo…
Sin el, sería infinitamente más difícil soportar tanto hijoputismo por metro cuadrado como hay en ese espacio al que llaman edificio inteligente, que hay que ser muy necio para llamarlo así… si alguien no lo conoce, es el único que no tiene el rótulo encendido en toda la M-40, y no, no es precisamente por una cuestión ecológica, sino de raterismo… si no de que se iban a desperdiciar miles de folios cada día cuando todos los procesos son telemáticos…
Siento un asco desmesurado por algunas personas que se encargan sottovoce de joderme- jodernos, la vida de manera burda y caníbal. Como en aquella película, Viven, en la que unos se acaban comiendo a otros… la diferencia es abismal, claro, porque aquí no se trata de sobrevivir, por lo que no hay nada que justifique tal canibalismo. Algunos han pasado de ser grandes comedores de pollas en sentido literal y figurado, a ser carroñeros sin escrúpulos dispuestos a merendarse, si se tercia, la mierda propia y la de los demás.
Es lunes, otoño, un cielo plomizo parece querer desplomarse sobre Madrid, pero Madrid puede con todos, se mantiene solemne e ingobernable a pesar de Alberto y Espe, sansirolés del politequeo de la derechona rancia a pesar de los zegnas y chaneles.
Esta noche televisan el debate, inservible a mi pesar. El voto de última hora es como los besos que no se dieron o los polvos que no se echaron… una equivocación. Probablemente, así lo certifican las estadísticas -esas señoras tan sabelotodo y manipulables- esta sea la última batalla que gane Rubalcaba frente a Rajoy, la dialéctica turgente y mordaz del primero supondrá una hostia bien dada a la oratoria aprendida y memorizada del segundo. Es una pena.
No quiero caer en el tópico de hacer populismo sobre los populares, lobitos con piel de cordero para los intereses de la gente de a pie. Lo normal, y simplificando en extremo, es que los ricos se apoyen y defiendan entre ellos, de la misma manera que debería hacerse entre quienes no somos ricos. Pero la política es caldo de cultivo del proselitismo más cruento, no en vano es su alimento, de modo que en la práctica el número de acólitos está por encima de los propios ideales.
Por más que lo tengamos encima, no quiero hacerme a la idea de un gobierno Popular, no soporto la idea, menos aún de ser gobernada por un señor de cuyas barbas cuelga un fideo cabellín en mis peores sueños. Me recuerda Rubalcaba en su discurso ágil e irónico a mi primer jefe, que a fuerza de creerse algunas de sus propias mentiras nos las metía dobladas sin pestañear. Claro, que en honor de la verdad he de decir, que aquellas mentiras ilusionantes y burbujeantes siempre estaban cargadas de la mejor de las intenciones: animarnos a creer que ciertos logros eran posibles. Por lo que jamás diré que fuera un mentiroso, sino un embaucador, y nadie dijo que serlo fuera malo.
En cambio Mariano, es cero portador de ilusiones, para empezar, porque ni él mismo se cree lo que se le viene encima. Supongo que los sondeos a su favor habrán contribuido enormemente a que se haya incrementado en su rostro ese aire de bobalicón zafio y que aguantará la sonrisa hasta conseguir el mandato , en lo que podríamos llamar la versión política de “el hombre promete hasta que la mete, y una vez la ha metido se acabó lo prometido”. Tiene una sonrisa llena de falso pudor, no me gusta la gente que sonrie de medio lado. Realmente no me gusta nada de este señor. Ni de sus amiguitos. Ni de nada que huela a gaviota. Ay gaviota… así es que como se le conocía al edificio que albergaba la sede central de mi compañía… tantas veces preguntándome por qué, y acabo de caer en la cuenta…
No creo que a estas alturas pueda obrarse el milagro, crucemos los dedos, por si acaso… y pase lo que pase, que va a pasar, seguiré estando a la izquierda, que es el lado del corazón, aunque nos quedemos en el fondo, como los váteres, en los que a menudo me imagino al del fideo haciendo cochinadas con muchachitos vestiditos de azul, con sus camisitas... y sus canesús... imaginación la mía!
.
Pensaba que iba a ser mucho más difícil… a mis 38, no sólo no he perdido la capacidad de sorprenderme sino que desde que nació Marco se ha visto incrementada considerablemente. La maternidad me ha dotado de una paciencia que no conocía, pero claro, aun así siempre hay algo por lo que perder los papeles.
Jose es tozudo, lo que para muchas cosas puede ser una ventaja pero para otras es un inconveniente. Se le metió entre ceja y ceja formar una liga de fútbol de empresa con mozalbetes en edad de matar el tiempo libre practicando onanismo, o lo que es lo mismo, matándose a pajas, y no acaba de entender que lo que para él es responsabilidad y compromiso para estos chavales aun púberes no es más que un antojo… y ya se sabe lo que pasa con los antojos… que lo mismo van que vienen… A ver si nos damos cuenta ya de una vez que entre ceja y ceja no debería haber nada, ni grandes ideas ni pequeños pelos. Como mucho unas pinzas de depilar haciendo de las suyas, pero nada más. Y no me refiero a las cejas circunflejas de Zp, que bastante tiene con lo suyo.
Quizás de ahí mi gusto, desde chica, por lo grande. Así, en general… me gustan los hombres grandes, los corazones grandes, los dientes grandes, no me ocurre lo mismo con esa parte de la anatomía en la que estás pensando en este momento, en ese caso con que sean dúctiles y regularmente activas me basta y sobra. Las manos grandes también me gustan, y las grandes historias de amor, y las anillas de calamar enormes, y la Duquesa de Alba, aunque esta me guste más por hippy que por “grande” aunque sea la más grande de España y aunque la más grande siempre haya sido la Jurado y yo me quede en simplemente “la grande” para la fascinación de alguno.
Ya tiene Marco seis meses. Está guapo, constipado, sonriente. No hay nada que me guste más que sentir sus bracitos rodeando mi cuello y su aliento húmedo paseando por mis hombros dejando a su paso una estela de baba de caracolillo… ya cuando me planta sus manos sobre la cara y siento su caricia es que me derrito!
Ha descubierto nuevos sabores, no todos le gustan… una cucharada de papilla de fruta convierte su rostro en la mueca del asco más profundo, los cereales ni fú ni fa; por ahora lo que más le atrae es el puré de patata y zanahoria con pollo… a pesar de ser un bebé grandote no es tragón, el ansia de sus primeros meses al pezón ha dado paso a la calma con la cuchara, a cuyo paso por su encías ya se aprecia la inflamación que dará lugar a su piñata de roedor. No me imagino cómo será su cara con dientes igual que no podría imaginarme ahora la mía sin ellos. Ni mi cuerpo sin albergar el suyo, ni mi vida sin él.
Le quiero miles de millones de vidas, y cada día ese amor se multiplica, y es increíble cuando crees que has llegado al máximo, y el máximo no existe, no hay tope, no hay límite.
Desde que llegó a nuestras vidas nos ha regalado cada día mil razones para tener cara de gilipollas sin serlo. Es un puntazo mi enano. Me gusta sentir que tengo dos amores, que cuido de mi hombre y de mi “hombrecito” y que ellos cuidan de mí…
A veces, me pasa algo un poco extraño… bueno, quizás no tanto… es como si a ratos se me olvidara que tengo un hijo… hasta que llega a mi mente su carita y en un flash-back me vienen de repente y en cuestión de segundos decenas de imágenes, desde que estaba dentro de mí hasta ayer, con sus churretes de papilla alrededor de la boca y sus manitas-manazas queriendo coger todo…
Sin el, sería infinitamente más difícil soportar tanto hijoputismo por metro cuadrado como hay en ese espacio al que llaman edificio inteligente, que hay que ser muy necio para llamarlo así… si alguien no lo conoce, es el único que no tiene el rótulo encendido en toda la M-40, y no, no es precisamente por una cuestión ecológica, sino de raterismo… si no de que se iban a desperdiciar miles de folios cada día cuando todos los procesos son telemáticos…
Siento un asco desmesurado por algunas personas que se encargan sottovoce de joderme- jodernos, la vida de manera burda y caníbal. Como en aquella película, Viven, en la que unos se acaban comiendo a otros… la diferencia es abismal, claro, porque aquí no se trata de sobrevivir, por lo que no hay nada que justifique tal canibalismo. Algunos han pasado de ser grandes comedores de pollas en sentido literal y figurado, a ser carroñeros sin escrúpulos dispuestos a merendarse, si se tercia, la mierda propia y la de los demás.
Es lunes, otoño, un cielo plomizo parece querer desplomarse sobre Madrid, pero Madrid puede con todos, se mantiene solemne e ingobernable a pesar de Alberto y Espe, sansirolés del politequeo de la derechona rancia a pesar de los zegnas y chaneles.
Esta noche televisan el debate, inservible a mi pesar. El voto de última hora es como los besos que no se dieron o los polvos que no se echaron… una equivocación. Probablemente, así lo certifican las estadísticas -esas señoras tan sabelotodo y manipulables- esta sea la última batalla que gane Rubalcaba frente a Rajoy, la dialéctica turgente y mordaz del primero supondrá una hostia bien dada a la oratoria aprendida y memorizada del segundo. Es una pena.
No quiero caer en el tópico de hacer populismo sobre los populares, lobitos con piel de cordero para los intereses de la gente de a pie. Lo normal, y simplificando en extremo, es que los ricos se apoyen y defiendan entre ellos, de la misma manera que debería hacerse entre quienes no somos ricos. Pero la política es caldo de cultivo del proselitismo más cruento, no en vano es su alimento, de modo que en la práctica el número de acólitos está por encima de los propios ideales.
Por más que lo tengamos encima, no quiero hacerme a la idea de un gobierno Popular, no soporto la idea, menos aún de ser gobernada por un señor de cuyas barbas cuelga un fideo cabellín en mis peores sueños. Me recuerda Rubalcaba en su discurso ágil e irónico a mi primer jefe, que a fuerza de creerse algunas de sus propias mentiras nos las metía dobladas sin pestañear. Claro, que en honor de la verdad he de decir, que aquellas mentiras ilusionantes y burbujeantes siempre estaban cargadas de la mejor de las intenciones: animarnos a creer que ciertos logros eran posibles. Por lo que jamás diré que fuera un mentiroso, sino un embaucador, y nadie dijo que serlo fuera malo.
En cambio Mariano, es cero portador de ilusiones, para empezar, porque ni él mismo se cree lo que se le viene encima. Supongo que los sondeos a su favor habrán contribuido enormemente a que se haya incrementado en su rostro ese aire de bobalicón zafio y que aguantará la sonrisa hasta conseguir el mandato , en lo que podríamos llamar la versión política de “el hombre promete hasta que la mete, y una vez la ha metido se acabó lo prometido”. Tiene una sonrisa llena de falso pudor, no me gusta la gente que sonrie de medio lado. Realmente no me gusta nada de este señor. Ni de sus amiguitos. Ni de nada que huela a gaviota. Ay gaviota… así es que como se le conocía al edificio que albergaba la sede central de mi compañía… tantas veces preguntándome por qué, y acabo de caer en la cuenta…
No creo que a estas alturas pueda obrarse el milagro, crucemos los dedos, por si acaso… y pase lo que pase, que va a pasar, seguiré estando a la izquierda, que es el lado del corazón, aunque nos quedemos en el fondo, como los váteres, en los que a menudo me imagino al del fideo haciendo cochinadas con muchachitos vestiditos de azul, con sus camisitas... y sus canesús... imaginación la mía!
Comentarios
Publicar un comentario